La densa selva de Petén alberga una de las ciudades más importantes del mundo maya, Tikal, que se distingue por sus grandes estructuras y monumentales edificios que lo hicieron, un lugar neurálgico de la cultura durante el periodo clásico maya —250-900 dC—.

Exploradores, arqueólogos y aventureros se han maravillado con más de 165 años de exploraciones. “Gran parte de los descubrimientos sobre la cultura maya se han logrado gracias a la exploración y estudio de Tikal. Esta una de la ciudades mejor restauradas y que gracias a ello recibe una gran cantidad de visitantes”, comenta el encargado del Museo Regional del Sureste de Petén Dr. Juan Pedro Laporte Molina, Wálter Oil, quien ha dedicado su vida a la investigación arqueológica.

“La restauración que comenzó la Universidad de Pennsylvania, en la década de 1950, fue importante para la arqueología nacional. Antes, hubo poca investigación”, agrega Oil.

Este sitio fue uno de los secretos mejor guardados por la selva. De este se sabía muy poco y no hay exploraciones previas al siglo XIX.

“Tikal fue descubierta hace relativamente poco tiempo, en 1848, aunque su existencia ya era conocida por algunos nativos de la zona y también es posible que el fraile español Avendaño haya visitado estas ruinas durante algunos de sus viajes en 1690”, describió el arqueólogo Miguel Acosta en su trabajo Las cresterías del nororiente de Petén, el Palacio 5d-91 de Tikal.

El verdadero nombre de Tikal fue Yax Mutal y su linaje fundador era Yax Moch Xoc, al que le siguieron 33 gobernantes. La ciudad existió a partir de 200 a. C. y fue abandonada entre 950 y 1 mil d. C. En este periodo la ciudad gobernó regiones de Mesoamérica, muchas veces tutelada por la ciudad Teotihuacán, en el el valle de México. Sus constantes luchas con la ciudad vecina de Calakmul —México—, le provocó mucho desgaste militar.

Fuente: Angel Elías, Prensa Libre, 2017